Vídeo: El Sur de Portugal - Un paraíso olvidado

El Sur de Portugal no es tan exótico como Tailandia, ni tan inabarcable como Australia pero está muy cerca, al alcance de todos. Se puede ir en cualquier momento, sin hacer planes ni reservas. En esta época se puede saborear la sensación de hallarse al borde de lo desconocido, en soledad, cerca de esa experiencia sorprendente que todos esperamos encontrar en cada viaje realizado, aunque sólo sea por un largo fin de semana alejado de la odiosa Semana Santa Malagueña. Desde el sur de Lisboa hasta las costas del Algarve, el Alentejo Litoral se tiende sobre el Atlántico como una costa salvaje en muchos puntos, con largas playas de arena dorada. Una zona que se presenta perfecta para recorrerla a píe. Y sí, las playas son verdaderamente de otro planeta. Acantilados vertiginosos, olas con carácter y costas salvajes donde nunca parece ser temporada alta. Así son las playas de ensueño de la Costa Vicentina, uno de los litorales mejor conservados de Europa. Recomiendo alcanzar el tormentoso cabo de San Vicente, el más meridional de la Península Ibérica y disfrutar de un atardecer sentado al filo del abismo. Un lugar indescriptible, inquietante que no se olvida con facilidad. Si hace buen tiempo las vistas son sobrecogedoras; si hay temporal la experiencia es aún más inolvidable.


Viajar nos permite cambiar nuestra visión del mundo que nos rodea y abrir nuestra mente. Conocer otras culturas, gastronomía y lugareños nos hace apreciar mucho más las maravillas que nos rodean. Recorrer otros lugares tiene muchos beneficios en nuestro organismo, en nuestra mente y en nuestra capacidad de adaptación a nuevas situaciones. Viajar nos desconecta de nuestra rutina; en esta sociedad en la que el estrés es parte de nuestro día a día, tener un paréntesis en el que nos olvidamos de responsabilidades nos hace centrarnos en nosotros mismos. Visitar nuevos y excitantes lugares nos permite vivir nuevas experiencias y con ellas aprendemos a tomar decisiones y a resolver los inconvenientes que vayan surgiendo de imprevisto. Si en el lugar al que viajamos se habla otra lengua podrás practicar y conocer la cultura y el contexto en el que viven sus hablantes, lo que te ayudará a comprenderlos un poco mejor y a captar sus matices. Conocer a las gentes de otros lugares te hace ser más tolerante y abierto. De esto último tendríamos que poner más énfasis los habitantes de este país llamado España.


Lo que siento al ponerme unas zapatillas tres meses después es muy puro, es imposible describirlo, imposible rodearlo con palabras, ni captarlo con imágenes. Poder viajar a un lugar diferente y correr por sus senderos desconocidos es la mayor expresión de libertad que puedo sentir a día de hoy.

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